La columna

75 años de devoción de un pueblo

Sep 19, 2017 Enrique Rodríguez

Conforme se subía la empinada cuesta de la calle Málaga el pasado sábado, llegaban a nuestros oídos el bullicio del gentío que se encontraba en la plaza del pueblo. Se notaba por la tranquilidad que encontrábamos a nuestro paso, que ya todo el pueblo estaba allí, o en la Iglesia. Al menos, la mitad de ellos: los de Cristo, los Verdes, los de Vera+Cruz. La plaza presentaba un aspecto de tarde especial, premonitoria, elegante de traje oscuro y cera verde.

Bordeamos la plaza camino de la Parroquia de la Asunción. Allí el gentío daba paso al silencio respetuoso que acompañaría al cortejo en cada rincón. Y así es y así debe ser. En Almogía, los que se encuentran en la acera o en un balcón esperando al Cristo silencian, porque no se conciben como meros espectadores, sino que participan en la procesión y la devoción al Crucificado.

Una vez dentro de la Iglesia, los nervios acompañan los momentos más íntimos de los hermanos de esta Venerable Hermandad. Algunos hablan entre ellos, otros rezan, y hay quienes se acercan a la capilla del maravilloso Cristo Yacente de Miñarro. Pasados unos minutos de las siete y media de la tarde, el Hermano Mayor da los correspondientes toques a la puerta de la Iglesia, que en un respetuoso crujir la madera cede a la hermosura de un cortejo. Cruz guía avanza hasta el dintel con los primeros redobles de tambor de la Banda de Corneta y Tambores. La música suena en la nave eclesiástica como en pocos lugares. El recogimiento de la oscuridad, sólo perturbada por los primeros cirios que empiezan a encenderse, ofrece una estampa única que sólo podemos percibir los creyentes.

Cirios verdes que iluminan el camino de la Verdadera Cruz. Cientos de personas que componen el cortejo, incluido alguna representación de otras hermandades: no faltaron la del Nazareno de Almogía, la de Vera+Cruz de las Fusionadas de Málaga, y la Archicofradía del Huerto de Málaga, entre otras. Tampoco faltaron algunas personalidades del mundo cofrade como Carlos Ismael Álvarez o Eduardo Pastor.

Y por fin llegó el momento más esperado. El trono del Santo Cristo avanza por la Iglesia hasta su llegada a la puerta. Allí le espera su pueblo. El mismo que cada Jueves Santo acude fiel a su cita. La dulce imagen atribuida a Pérez Hidalgo atraviesa el dintel con una mecida larga y suave. Ya está en la calle. Toda la procesión se gira para poder grabar en sus retinas este momento, el que recuerda que hace 75 años vino a cubrir las necesidades de oración y de devoción de un pueblo que se había quedado huérfano de Cristo.

El recorrido, el mismo que se hace el Jueves Santo, se realizó de forma ordenada, en silencio, con personas sentadas en sillas traídas de casa que nos recuerda a la Semana Santa de la capital de hace unas décadas. De personas quizás no muy entendidas en bordados, artistas, tallas, marchas y brocados, pero sí en fé, devoción y amor a Cristo.

El cortejo, en su regreso, tuvo un acto especial: la calle Cristo fue renombrada y bendecida como la calle Cristo de la Vera+Cruz. Todo el cortejo se detuvo y se giró para poder contemplar este momento. El trono estuvo portado durante varias marchas sin bajarse.

Y como se suele decir: lo que bien empieza, bien acaba. Pero en este caso, se mejora. Tener la fortuna de esperar al Crucificado desde dentro de la Iglesia es un honor… poder observar como hacen la maniobra para que se coloque paralelo a la puerta de la Iglesia, todo ello a sones de la bella marcha A la Vera+Cruz, magníficamente interpretada por la Banda de Música de la Hermandad, que arrancó los aplausos de los presentes, los de dentro de la iglesia y los de fuera. El Himno Nacional puso el cierre a una maravillosa celebración de puertas para fuera, porque dentro el Crucificado avanzaba muy despacio entre los honores de los guiones y representación  que le acompañaron. La camarera del Santo Cristo tuvo el enorme privilegio de dar los últimos toques de campana del trono que hizo que depositaran sus hombres en el mismo suelo. Y su fundieron en un abrazo de hermandad.

Y el camino de regreso, con bellas imágenes en la retina, se volvió más llevadero escuchando el nuevo disco Veneración de la Banda de Música de Vera+Cruz de Almogía.

Fotografías: Andrés Tello.

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