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Entrega X. La Sepultura de Jesús

Entrega X. La Sepultura de Jesús

Jesús expiró a las tres de la tarde, la hora nona (novena) según el calendario romano.

Pronto anochecerá, y comenzará el Sábado, el día solemne de los judíos,  es necesario pues, que los cuerpos de los crucificados sean retirados de las cruces antes de que se ponga el sol. José de Arimatea, miembro del Sanedrín que no había estado de acuerdo en la sentencia de Jesús, pidió permiso a Poncio Pilato para retirar el cuerpo de Jesús y enterrarlo en un sepulcro muy cercano. En el evangelio de Mateo, se dice que el sepulcro era propiedad de José de Arimatea.

Surgen dudas respecto a cómo podría un hombre de la categoría de José tener una tumba cercana a un lugar de ejecución de malhechores. No conocemos más detalles que el que nos proporcionan los Evangelios, por lo que solo podemos especular sobre teorías que defiendan o cuestionen la propiedad del sepulcro respecto a José de Arimatea.

Santísimo Cristo del Descendimiento. Año 2018.
Jn 19, 38

Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.

Cuando José de Arimatea bajó a Jesús de la cruz, muy posiblemente colocara el sudario en la cara de Jesús, según la tradición judía, para que la sangre del rostro fuera sepultada con él, pues para los judíos el cuerpo debía enterrarse completo, por lo tanto es lógico pensar que José de Arimatea quisiera preservar la sangre junto al cuerpo de Jesús.

Nicodemo, según el evangelio de Juan, participó junto a José de Arimatea en el embalsamiento del cuerpo de Jesús.

Jn 19,39

También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.

Nicodemo había tenido una conversación nocturna con Jesús en su primera visita Jerusalén. Sería junto a José de Arimatea de los pocos judíos de buena posición que tuvieran a Jesús como referente aunque fuera en secreto.

Santo Traslado. Año 2018.

El traslado de Jesús de la Cruz al sepulcro debió ser con el cuerpo envuelto en lienzos según la costumbre judía, el cuerpo estaba completamente pues cubierto.

Cristo Yacente de la Paz y la Unidad. Año 2018.
Jn 19, 40

Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.

Fueron dos pues las telas que se usaron para envolver el cuerpo de Jesús, un sudario para tapar la cabeza y un lienzo que cubriría por completo el cuerpo de Jesús. Como José de Arimatea y Nicodemo eran hombres pudientes, es de suponer que la tela fue de buena calidad.

Jesús en el sepulcro. Película «La vida pública de Jesús» de John Krish y Peter Sykes

¿Por qué José de Arimatea se interesó por el cuerpo de Jesús?

Puede suponerse que tras vivir de primera persona la sesión del Sanedrín en la que Jesús fue condenado, quisiera que el cuerpo de Jesús no terminara como cabría esperar en una fosa común.

Los cuatro Evangelios mantienen que el sepulcro dónde fue puesto Jesús era nuevo, y nadie había sido sepultado ahí antes. La cuestión de la propiedad de José de Arimatea crea dudas sobre todo por el hecho de que alguien de la condición de José- miembro del Sanedrín- poseyera un sepulcro en un lugar supuestamente tan infame, aunque no sabemos exactamente las circunstancias ni las connotaciones  que esto podría tener en el siglo primero.

¿Cómo los enemigos de Jesús habrían permitido esto?

Que José de Arimatea pidiese el cuerpo de Jesús a Pilato y no lo hicieran sus enemigos, es decir, los sumos sacerdotes para asegurarse de que sus seguidores no lo robaban nos sugiere algunas complicaciones:

¿Cómo pudo Pilato dar el cuerpo a un seguidor de Jesús? Al fin y al cabo él lo había condenado. Cabe pensar que José de Arimatea se presentó ante Pilato como miembro del Sanedrín y simplemente solicitó el cuerpo sin decirle al procurador que era su seguidor. Es posible que se adelantarse a sus enemigos a la hora de pedir el cuerpo y por eso éstos, una vez enterrado Jesús lo que decidieron fue mandar guardia al mismo para asegurarse de que no se producía ningún tipo de robo.

Santo Sepulcro. Año 2018.
Mt 27, 62-66

Al otro día, que era el siguiente a la Parasceve, fueron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: Señor, recordamos que ese impostor, vivo aún, dijo: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, guardar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos. Y será la última impostura peor que la primera. Díjoles Pilato: Ahí tenéis la guardia; id y guardadlo como vosotros sabéis. Ellos fueron y pusieron guardia al sepulcro después de haber sellado la piedra.

Parece ser pues, qué José de Arimatea se ha adelantado a los fariseos y los príncipes de los sacerdotes, y  éstos una vez enterrado Jesús, deciden poner guardia y vigilarlo al menos hasta el día tercero de su muerte, día en el que el había sugerido que resucitaría.

Mientras, las mujeres que acompañaban a Jesús seguían muy de cerca el deparar del cuerpo de su maestro. Las mujeres entre ellas María Magdalena siguieron  al Señor por todo su ministerio público desde Galilea hasta su mismo sepulcro.

Lc 23, 55-56

Y las mujeres que vienen con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo.

 Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento.

Como el sábado estaba ya muy cerca, el cuerpo de Jesús no debió  de ser preparado totalmente según los preceptos funerarios de la época, por eso las mujeres deciden volver con ungüentos y aromas, pero deberán hacerlo el domingo porque el sábado no es permitido, porque es día de reposo.

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Carlos Jiménez Lerma

Carlos Jiménez Lerma

Licenciado en Historia. Hermano de la Sagrada Cena y del Santo Cristo de la Salud. Coleccionista de música procesional y autor de la cuenta 'Marchas de Málaga'. Estudiante de Teología.

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