Málaga se entrega a un Lunes Santo de pasión, emociones y promesas

Las largas colas para entrar a las sedes canónicas y casas hermandades para visitar a los Sagrados Titulares de la jornada del Lunes Santo han sido las protagonistas desde por la mañana, dejando estampas para el recuerdo.

Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, y la jornada del Lunes Santo regaló una amplia variedad de estampas que reflejaba la pasión y la emoción de una ciudad que tenía una deuda pendiente. Promesas que se quedaron en el aire la pasada primavera y que ayer, tenían que salir de alguna manera a la calle. Como una necesidad que te empuja y te arrastra hacia ese punto donde los sentimientos convergen y todo lo que hay alrededor desaparece. Y durante todo el Lunes Santo, Málaga fue un hervidero de emociones.

Se hizo de rogar, pero las puertas de la Parroquia El Buen Pastor se abrieron a las 15:00 horas para que hermanos y devotos pudiesen contemplar las imágenes del Santísimo Cristo de la Crucifixión y María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad. La sencillez y el buen hacer que la hermandad refleja cada Lunes Santo en la calle también se pudo percibir en su sede canónica.  

Y es que no les hizo falta mucho para deslumbrar. Dos pequeños focos iluminaban el rostro de María y el de su hijo. Ella a sus pies, Él crucificado a sus espaldas. Elevado sobre un pequeño monte de corcho y con su cabeza levemente inclinada hacia la derecha, dando incluso la sensación de que miraba a todo aquel que cruzaba el umbral de la puerta de la parroquia. La estampa en El Buen Pastor la dejaba una joven que al levantar la mirada y cruzarse con la del Señor, se clavó en el suelo de rodillas y comenzó a llorar. Y es que, aunque podamos visitarlos, sigue doliendo no poder acompañarlos por las calles. 

En el interior de la Iglesia de Santiago se respiraba seriedad. Fuera, el ambiente era muy diferente. Había un murmullo que no resultaba molesto. Por calle Granada se extendía una larga cola de personas que querían pasar al interior del templo a contemplar las Imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Pasión y María Santísima del Amor Doloroso, que se encontraban expuestos en veneración presidiendo el Altar Mayor. Cada uno colocado en un extremo, alzados sobre una peana de plata y más cercanos que nunca a los devotos, pudiendo incluso hablar con ellos cara a cara.

Esa cercanía dejaría el segundo momento del día. Una pequeña, de tan solo 4 o 5 años se quedaba pensativa delante de la imagen mariana. Solo ellas sabían la conversación que estaban teniendo en ese momento, pero algo captó su atención y quiso inmortalizarlo en el teléfono móvil de su padre, quien segundos más tardes se reía asombrado ante aquel gesto. Una cofrade más.

El reloj marcaba las 9:00 horas, y Nuestro Padre Jesús de la Columna presidía el Santo Via Crucis en el interior de las naves de la Iglesia de San Juan. El recogimiento no solo se vivió en esos momentos, sino también durante la propia veneración de los Sagrados Titulares en una de las capillas del templo, donde la gente se reunía para contemplar a las Imágenes de la Hermandad de la Columna. 

María Santísima de la O lucía radiante en su manto de terciopelo rojo, su corona de salida y esa tez morena tan característica y que se veía realzada, aún más si cabe, bajo la luz de las velas. Dos mujeres, al pararse frente a la Imagen lo comentaban entre ellas: “La Virgen está preciosa”. Tras ellas, un grupo de jóvenes se para frente al Moreno. Una de las integrantes, con la medalla de la corporación al cuello, se persigna mientras dos lágrimas caen por sus mejillas hasta perderse por debajo de la mascarilla mientras su amiga la abraza y le dice “que el año que viene, seguro que sí”.

Una de las estampas que nos regalaba este atípico Lunes Santo tenía lugar en la Iglesia de Santo Domingo. No fue un momento exacto. Ni tampoco una mirada, un susurro o un abrazo. Sino que fue un momento que se prolongó durante todo el día de ayer. Y es que aunque en el interior del templo se escuchaban varias marchas procesionales, se hacía el silencio cuando se alzaba la mirada hacia el Altar Mayor y se contemplaba al Santísimo Cristo del Perdón y a María Santísima de los Dolores.

Juntos. Ella, ataviada de negro, colocada a los pies y a la derecha de su hijo. Una estampa que se pudo contemplar durante 18 años, cuando ambas Imágenes procesionaban de manera conjunta en el mismo trono. Sin duda, estampas que se quedarán en la mente de todos los cofrades que pudieron visitar a los titulares en la jornada de ayer.

“¿Sabe cuál es la forma más rápida de llegar a la Casa Hermandad del Cautivo?” Había prisa. Querían estar con los titulares lo antes posible. Y es que aunque las Imágenes de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María Santísima de la Trinidad permanecen la mayor parte del año cerca de los devotos y hermanos en la Iglesia de San Pablo, verlos en sus respectivos tronos procesionales es, sin lugar a dudas, una sensación indescriptible. Algo que no puede no verse, y menos un Lunes Santo.

Desde bien temprano las extensas colas a lo largo de toda calle Trinidad han sido las protagonistas. Y estas han seguido así durante toda la jornada. No importaba la hora del día, Ellos nunca estaban solos. Porque quedaban muchas promesas que cumplir, muchos secretos que susurrar y muchas miradas que lanzar. Ayer, el Cautivo y la Trinidad recibieron el calor y el amor de un pueblo que como todos los Lunes Santo, se vuelve trinitario por unas horas.

Quienes decidieron visitar las corporaciones del Lunes Santo tampoco quisieron perderse la imagen que regalaba la Cofradía de Estudiantes en su Casa Hermandad. El Santísimo Cristo Coronado de Espinas y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza encaraban parte del Teatro Romano y la Alcazaba, y todo aquel que pasaba por calle Alcazabilla no dudaba en pararse unos minutos y admirar la belleza de ambas Imágenes en sus tronos procesionales. Algunos, incluso decidieron estar presentes en la misa que la corporación realizaba antes del mediodía, todo ello con tal de poder pasar un tiempo más extenso cerca de los titulares.

No ha sido el Lunes Santo que desearíamos. Las calles se quedaban vacías demasiado pronto. Se hacía el silencio en lugares donde los vítores y las saetas eran los protagonistas. ¡Gaudemus Igitur! (¡Alegrémonos pues!) Porque el día de ayer nos regaló estampas inéditas que se quedarán en la retina de todos aquellos que pudieron ver la belleza que aguardaba en el interior de los templos y casas hermandades. Y eso, ni una pandemia puede borrarlo.

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