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Miércoles Santo malagueño y la muerte de un maestro

Miércoles Santo malagueño y la muerte de un maestro

El Miércoles Santo malagueño se nublaba conforme avanzaban las horas de la mañana. Poco antes del mediodía un rayo informativo nos partió la estilográfica: Manuel Alcántara había fallecido. El insigne poeta malagueño, pregonero de nuestra Semana Santa en 1984 y devoto del Cristo de Mena, decidía abandonar la vida para acogerse a la Buena Muerte. Para quienes empezamos a leer los periódicos al revés, su columna en la contraportada era el primer contacto crítico, humorístico, decente, consciente y elegante de la dura realidad diaria.

Y cómo está la Semana Santa malagueña de rara, no podía faltar la amenaza de lluvia para darle otra vuelta de tuerca. Si uno repasa los mensajes en las redes sociales y escucha los comentarios en la calle, parece que desde bien temprano se tenía claro. La lluvia se esperaba por la noche: así que las Archicofradías de la Sangre y de la Expiración no iban a salir. Ellos suspenderían la salida procesional, aunque lógicamente apuraron al máximo la decisión. Por el otro lado del cuadro del itinerario, Mediadora y Salesianos no dudaron en salir a la calle a la hora establecida. Lógicamente siempre tenían un plan B para el caso de que apareciera la lluvia. La Hermandad de Mediadora usó ese plan para finalizar su estación de penitencia en la Casa Hermandad de los Estudiantes, donde fueron acogidos en una muestra de hermandad. El problema de qué decisión tomar la tenían las hermandades del medio de la jornada: Fusionadas, Paloma y Rico. Y optaron por la menos arriesgada y más acertada: se quedaron en casa; a excepción de la Cofradía de El Rico que, como cada año, debe realizar la Liberación del Preso. Lo hizo por el camino más corto para volver de nuevo a su Casa Hermandad.

Como es habitual, las imágenes de Fusionadas, Paloma, Sangre y Expiración quedaron expuestas en sus tronos procesionales para que pudieran ser visitadas por los malagueños, quienes no faltaron a la llamada y se vieron largas colas para poder acercarse a ellas. Incluso se vio detalles que no estamos acostumbrados, como el pasacalles de la banda de la Pepa por Carretería y Tribuna de los Pobres, donde deleitaron a los allí presentes con música muy alegre.

Un poco antes de las cinco menos cuarto, la cruz guía de la Hermandad Salesiana asomaba el dintel del Santuario de María Auxiliadora a sones del Himno Nacional. Mientras dos políticos malagueños hacían notar su presencia en los alrededores del trono al abrirse las puertas de su Casa Hermandad, el protocolo de la hermandad los recibió educadamente pero los primeros toques de campana los dio un miembro de la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Cautivo, con quienes mantienen una gran relación de hermanamiento. Tras una saeta a los pies del trono, éste avanzó muy despacio para enfilar la subida a la Plaza de Capuchinos. El imponente Cristo de las Penas alentaba al silencio de los allí presentes, ensimismados ante su presencia.

Mientras llegaban los primeros comunicados de las hermandades que decidían no salir, Mediadora se aproximaba a la Basílica de la Esperanza con un cielo encapotado; los tronos del Nazareno Redentor del Mundo y su Madre Mediadora de la Salvación atravesaron el dintel de la puerta del Salón de Tronos para realizar un emotivo saludo, llegando incluso el mayordomo de trono del Señor, mandar bajar el mismo realizando los toques de rigor en la campana del Nazareno del Paso. Faltó quizá más representación por parte de la Archicofradía perchelera, ya que un guión y dos bastones se nos antoja algo pobre. La Virgen del Ave María, con su tez blanca y jábega dorada en la mano izquierda, iba preciosamente ataviada.

La coordinación entre Mediadora y Salesianos fue ejemplar. Dado que la primera ya había decidido terminar su estación de penitencia en la Casa Hermandad de Estudiantes, el mayor riesgo de «encontrarse» con la lluvia lo tenía entonces Salesianos, que debía volver a Capuchinos. Entonces alternaron su entrada en el recorrido oficial, siendo Salesianos la primera en hacerlo ante una Tribuna Oficial vacía (otra vez, y van…cuatro días, tantos como días de Semana Santa llevamos). Esta coordinación entre las dos primeras hermandades para que Salesianos tuviera posibilidad de acelerar el ritmo ante la aparición de la lluvia y tener su caminar libre hasta su barrio, se vio truncado por la Cofradía de El Rico, que volvía de la Liberación del Preso a un paso muy lento, recreándose una marcha tras otra, obligando a Salesianos a permanecer en el patio de los Naranjos más de treinta minutos. Imagino que en la próxima reunión de hermanos mayores del Miércoles Santo, hay dos que no se van a ir a tomar café juntos.

Cerca de la medianoche, y ante las primeras gotas de lluvia, se encerraban El Rico en su Casa Hermandad de la calle Victoria, Mediadora en la de Estudiantes, y los Salesianos en su Casa Hermandad del barrio de Capuchinos. Mención especial merecen estos nazarenos con hábito negro que dieron una lección de recogimiento y saber formar parte de un cortejo penitencial. Mucho tenemos que aprender de ellos para borrar de nuestras calles a nazarenos y hombres de trono que realizan cualquier actividad con la túnica puesta, sin conocer bien su significado. Aunque esto mejor lo dejamos para otro momento, porque daría para una columna del gran D. Manuel Alcántara.

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