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¡Viva Málaga!

¡Viva Málaga!

Han pasado varios días desde que el pasado fin de semana se celebrase el magno acontecimiento por el 150 Aniversario del patronazgo de nuestra Victoria y el 75 Aniversario de su Coronación. Aún sigo teniendo en mi cabeza aquellos momentos en los cuales besamos las manos a la Patrona que, además de tenerla cerca, -motivo propio de celebración- pudimos guardarnos ese beso histórico para nuestra historia, gracias al gesto tan generoso y tan bonito que tuvo la Hermandad con Ella.

Fueron algunos los que, cuando salto la noticia de la Magna el 13 de junio del pasado año, criticaron el hecho de que la Victoria pasaría desapercibida, pues bien, después de estas efemérides y a esperas de su vuelta el próximo día 2 de junio, puedo decir y afirmar que quien ha querido reencontrarse con su Patrona, lo ha hecho, no solo aquí un servidor, sino también los miles de malagueños que hicieron colas por besar la mano de nuestra Victoria.

Con esto recuerdo una vez, en mi trabajo, cuando comentaba mi gusto por las procesiones y la Semana Santa, fue entonces cuando una señora me regaló una estampa de la Virgen de la Victoria plastificada. Aquel detalle caló mucho en mi, pero, el ver de cerca a la Victoria el pasado jueves en su Besamanos fueron palabras mayores; otras sensaciones, otra historia; ya no solo por tener una talla que tiene mas de 500 años de historia tan cerca y poderla besar, sino, ver a una imagen de cerca a la cual tanta gente le ha profesado devoción, cosa que no es de extrañar, uno se queda maravillado de aquel momento vivido, tal fue así que no pude evitar volver al día siguiente.

La Virgen de la Victoria en su Besamanos.

Aquellas jornadas me recordaron a los magnos besamanos que hubo por el Mater Dei, que tanto beneficio dieron a los cofrades posteriormente, aunque probablemente hubiera sido mejor tener un horario conjunto. Aún así, es un momento que personalmente disfruto mucho, ya que tener una imagen delante de ti es otro mundo, le tengas o no devoción a esa advocación o a esa imagen, hay que besarla, hay que agradecer de esta forma a la Virgen que gracias a Ella muchos de nosotros vivimos soñando todo el año lo que solo ocurre durante una semana, y por eso hay que besarlas. En especial debo decir que me reencontré con las imágenes letíficas, creo que hay poca cultura de glorias en nuestra ciudad, aunque poco a poco se esta consiguiendo recuperar. Sinceramente, ojalá veamos salir en procesión a algunas de estas imágenes, en especial, a las Vírgenes de Araceli, Sierra, Purísima, Gracia, Oliva, Carmen de los Mártires, la Inmaculada de la Pastora y la Paz del convento.

Virgen de la Paz del Convento de la Trinidad. Fotografía: Alejandro Postigo.

Y llegó el día donde los repiques de las campanas de la Catedral no cesaban de anunciar lo que iba a pasar y, aún así, se quedaron cortas.

Los cofrades malagueños pecamos de poca confianza en nosotros mismos; que la Virgen de la Victoria no tendrá público, que se tendría que haber hecho de otra manera, que la organización ha sido poca… estos comentarios se oían días antes, alguno pronunciado también por un servidor. Pasado el día, tuvimos que cerrar bocas y  tragarnos nuestras palabras. No pudimos parar de sonreír, vitorear, aplaudir y emocionarnos viendo lo que ocurría, nos perdonamos con nuestra Patrona, la cual finalmente salió sin vestir y, aún así, tuvo todo el protagonismo con calles repletas, quizás la que más en todo el recorrido, curioso cuanto menos.

Pero, además, pudimos ver a la Virgen del Carmen bajo palio. Yo no sé si es que personalmente no me termina de convencer su trono habitual, pero verla de aquella manera, con ráfaga de ocho, esa alegría en las flores y bajo palio, fue otro mundo, un mundo que ojalá se pareciese un poco en sus días grandes de julio. Lo que no faltó fue su gente; decir que Málaga es carmelita es decir una realidad, es la advocación mariana por antonomasia de nuestra ciudad y provincia; dicen que el Perchel vuelve a sus calles el día del Carmen y el Jueves Santo, bueno, hay que poner un asterisco al dicho: sale a la calle cada vez que el Carmen lo hace.

Perchel, qué bonito nombre, qué bonito barrio que tantas devociones tiene. Cómo tuviste que ser que cinco de las diez Coronadas en esta ciudad son de tus calles, Perchel, me da pena que yo no te haya podido conocer, pero una cosa es no conocerte y otra muy diferente es darte por muerto y tú jamás lo estarás mientras tus devociones sigan pisando las calles de nuestra ciudad.

Así lo hicieron la Soledad de Santo Domingo y los Dolores del Puente. A la primera pude verla tranquilo, sin el agobio de cada Jueves Santo, me recordó a su Coronación, donde la pudimos ver de cerca, cómodamente, disfrutando de Ella, aunque hay que reconocer que hubo momentos de escaso público acompañando a ambas titulares dominicas, lo que da a reflexionar este punto, ya que me pregunto ¿cómo es posible que saliendo las imágenes marianas con más devoción de nuestra ciudad no se llenasen todas las calles? Quizás, el que cada una venga de un extremo de la ciudad pesase mucho; quizás, no se diese toda la promoción que debería; o, quizás, la cercanía con la Semana Santa hiciera mella, o incluso el fútbol… Sea lo que fuere, lo agradezco, porque el público se comportó, supo que hacer, tanto callarse como vitorear, que también hay que decir que a los cofrades de a pie parece que nos cuesta gritar un ¡viva! o un ¡óle!, algo que poco a poco también vamos aprendiendo, el qué hacer en cada caso.

La Virgen de los Dolores del Puente fue una delicia a la luz del sol. Qué grandes son las Cofradías que hacen las cosas diferentes, y viendo como se ha terminado el techo del palio de los Dolores tengo ganas de ver cómo podrá ser el conjunto finalizado con las bambalinas del trono.

De capuchinos nos llega María Auxiliadora, la cual pude ver por primera vez en el centro histórico de la ciudad. El detalle de recuperar ese Besacinta durante la procesión es todo un acierto que ojalá se mantenga en su salida anual.

Y de Capuchinos nos vamos al vecino barrio de la Victoria, donde su Novia volvió a ponerse su vestido para sorprendernos a todos, hecho que no debiera ser extraordinario, ya que la imagen permanece vestida de mantilla todo el año, tal y como nos gustaría verla cada Martes Santo. Los vítores a la Novia de Málaga se hicieron presentes como se hicieron en su día de Coronación, como en Pentecostés o el Martes Santo; esos vítores en la Tribuna de los Pobres, esas petaladas en el Cervantes o Cruz Verde; así es Málaga y la Victoria cuando el Rocío está en la calle, así de bonito.

La Virgen del Rocío delante del altar de la Victoria durante la Procesión Magna. Fotografía: Segovia Estudio.

Para bonito también la Trinidad, ese barrio que guarda un tesoro en San Pablo vio pasar otra vez después de tantos años a una de sus devociones más antiguas, la Virgen de Zamarrilla, que se reencontró con sus vecinos. La vi en la Casa Hermandad de la Soledad de San Pablo, donde justo al lado mía di con una pareja que vivieron en el barrio trinitario y, emocionados, relataron cómo la madre de uno de ellos contaba siempre el paso de la Zamarrilla por su calle. Ojalá, esa calle fuese también una calle de Jueves Santo.

Y llegó la Virgen de la Trinidad. Aunque el encuentro se debiera haber realizado en la Plaza de los Montes, justo en el cruce con calle Sevilla, para disponer del mayor espacio posible en uno de los puntos emblemáticos de la noche y evitar así estar tan apretados, noche en la que por cierto fue al revés de lo que ocurre en Semana Santa; a medida que pasaban las horas, más público había. Y allí estaban las dos imágenes frente a frente, cara a cara las dos trinitarias, Zamarrilla y Trinidad, para terminar rezando cantando el ya emblemático Rezo a tus pies.

Encuentro entre M. Stma. de la Trinidad y M. Stma. de la Amargura. Fotografía: Segovia Estudio.

La noche se terminaba, pero ¡rápido! no podía perderme el encierro de la Virgen de la Esperanza. “Esperanza nuestra”, tal y como horas antes le recitaban en una sevillana en Calle Especería. Qué momentos más bonitos los vividos con la Esperanza esa noche, con la salida a la luz del día como se produjese en el 25 Aniversario de ser Virgen Coronada. Aquel momento en Calle Sagasta entre vítores, petaladas y aplausos… parece que a la Esperanza se le salieron los colores al ver como Málaga se rendía a sus plantas. ¡Qué bien le sientan los vítores a la Virgen, que ojalá no cesen en su salida de madrugada!

Y aunque yo pensaba que ya habíamos visto todo aquel día… llegó el momento, la historia, lo que las fotografías, los recuerdos, las frases, las marchas y las poesías recordaran en los libros… la Esperanza y los Dolores, vuelta al Perchel. El barrio con sus dos vecinas que, frente a frente, se vieron las caras para recordarnos que Málaga también es mariana. Algunos los llaman barcos, otros dicen que son retablos andantes pero en Málaga, sobre las 3 de la mañana, se vieron las caras dos Catedrales de Fe, de Dolor y Esperanza; Himnos de Coronación, un Ave María; vítores a ambas imágenes, al Perchel y a Málaga; aplausos, lágrimas y sonrisas; 520 portadores, miles de personas en la calle, un momento para no olvidar, historia de nuestra ciudad; casi y todo a la vez.

De ahí, acompañé a la Virgen de los Dolores a su encierro, a quien el sol le había sentado muy bien en sus primeras horas de recorrido, sacando a relucir su patrimonio. Firmaría ahora mismo para que la Expiración saliera a las siete y se encerrase a las cuatro dela mañana cada Miércoles Santo, ¿si la Salud pudo el Domingo de Ramos por que no en el Miércoles?

Para terminar, y como conclusión, decir que vi una ciudad volcada como nunca, Málaga se puso guapa y se sonrojó al ver como la queremos. Somos lo mejor que le pasa a nuestra ciudad con diferencia, pero veo como nosotros mismos no sacamos a relucir todo lo que tenemos, solo lo hacemos en nuestros eventos magnos; no podemos poner a nuestra imagen en Besamanos todo el día en una celebración así y luego en sus cultos solo diez minutos tras la misa; no podemos tener un Recorrido Oficial así, cuando hasta la zona de Cortina del Muelle, Císter y la Catedral es más elegante; no podemos seguir teniendo los horarios que tenemos en jornadas como el Lunes y Miércoles Santo; no podemos solo aplaudir y vitorear, lanzar petalás y demás cuando se celebrá una efeméride. Como bien dice nuestro lema, la “siempre denodada ciudad de Málaga”, pero hay que quedarse con lo bueno y yo me quedo con que no solo he visto hacer historia, sino que, además -y vuelvo a decirlo una vez más- me he emocionado, he vitoreado, he aplaudido y sobre todo he sonreído. Viva Málaga.

La Virgen de la Victoria en la Procesión Magna. Fotografía: David Varea.

Fotografía de portada: Blanca Lanzas.

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