Salus Infirmorum, ahora más que nunca

¡Ay Virgen de la Salud! ¿Cuántas súplicas has tenido que escuchar desde que las manos de Álvarez Duarte tallasen tu bello rostro hace más de 30 años? ¿Cuántas lágrimas de desesperación has visto derramadas en aquellos que a tus pies te pedían tan solo un rayo de esperanza? ¿Cuántas flores, fotografías y pequeños objetos personales han dejado cerca de tu manto para que de alguna forma salieras de San Pablo y amparases a aquellos que te necesitaban?

Porque cuando el miedo, la desesperanza y la tristeza están presentes. Cuando el camino se vuelve cada vez más oscuro. Cuando piensas en rendirte o en asumir que la partida está perdida, alzan la mirada y ahí estás tú. ¿Cómo no va a existir la esperanza si tus ojos, María Santísima de la Salud, son capaces de decirnos que todo va a salir bien? 

El Barrio de la Trinidad te acogió con los brazos abiertos, y bajo tu advocación, Málaga entera busca en ti consuelo y refugio los 365 días del año. Y ahora, en estos tiempos que corren, más que nunca. Porque precisamente hace un año la vida tal y como la conocíamos dio un giro de 180º. Las calles quedaron vacías, mientras los hospitales y las unidades de cuidados intensivos iban llenándose cada vez más de enfermos que, en muchos casos, perdían la batalla.

En forma de estampa, fotografía, vídeo o simplemente en un recuerdo. No importaba, porque tú de alguna forma salías a la calle y llegabas a los hogares de todos los malagueños. Nos confortabas y consolabas ese sufrimiento que se encontraba recogido entre cuatro paredes. Porque si tu advocación y todo lo que representa era necesaria antes, ahora lo es mucho más: Salus Infirmorum.

María Santísima de la Salud, 2020

El enfermo y quienes lo acompañan se aferran más que nunca a la fe para sobrellevar el dolor. Se cobijan bajo tu manto burdeos, y se enredan en tu mirada, que se convierte en una fuente de agua viva que cura y sana. Tan solo Tú eres capaz de transmitir esperanza a todo aquel que padece la enfermedad. Porque hasta tu propio hijo que se encuentra crucificado a tu lado lleva consigo la Esperanza en su nombre. Eres pura esperanza María Santísima de la Salud.

Y cada vez la vislumbramos más de cerca. Los enfermos se recuperan y vuelven a casa. Los más mayores y quienes han sido los más vulnerables durante esta pandemia comienzan a estar protegidos. Llegan nuevas criaturas a un mundo que todavía sigue del revés, pero que poco a poco vuelve a enderezarse. Quizás en un futuro alguno de ellos te portará en sus hombros el Domingo de Ramos para agradecerte una promesa cumplida.

Porque volverán esos Domingos de Ramos al barrio de la Trinidad. Las rodillas volverán a arrastrarse a los pies de San Pablo. Nos volveremos a reunir en torno a tu figura salvadora. Regresará aquella normalidad que dejamos atrás hace un año. Ya comenzamos a despertarnos de esta pesadilla. Y al abrir los ojos seguiremos mirándote a ti y a esas lágrimas de cristal que se deslizan por tus mejillas y que continúan siendo, más de 30 años después, un faro de luz que no deja de guiarnos y acompañarnos a lo largo del camino. 

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