Vivir del recuerdo

Esta semana se ha celebrado el segundo aniversario de los traslados de ida a la Catedral con motivo de la exposición ‘El Verbo Encarnado’. Pensábamos que habíamos cambiado.

El tiempo pasa sin apenas darnos cuenta. Esta semana todos los cofrades recordábamos aquella madrugada en la que nos despertamos temprano para soñar con el cimbreo de la túnica más antigua de nuestra Semana Santa, la de la Puente del Cedrón; con María Reina de los Cielos, que anunció la resurrección de toda una ciudad al alba; con el siempre imponente Nazareno de Viñeros tras el que caminaba crucificado el Cristo de la Agonía. Soñamos con despertar bajo los brazos de la Madre de la Piedad desde el Molinillo. Acurrucados en su regazo, Ella lloraba en sus Dolores vestida de Reina, pero con un gran puñal que atravesaba su corazón malherido por los efectos de la pandemia.

El barrio de la Victoria volvió a demostrar su Amor por Cristo que caminaba tras la Dolorosa, y la sonrisa eterna de la Virgen del Rocío hizo terrenales los aplausos que desde los balcones se dedicaban a los profesionales sanitarios. La fe estaba presente en los apretones de manos y en las miradas encharcadas de emoción. El Nazareno Redentor del Mundo se redescubrió ante su Málaga, su fuerza no dejó indiferente a nadie. Y rendido ante el peso de la cruz, el ‘Chiquito’ repartió Misericordia desde el Perchel hasta el primer templo malacitano. Los Milagros existen, y los hermanos de Zamarrilla lo hicieron patente en la madrugada más mágica que recordamos tantos malagueños. Junto a Ella rezamos, y nos abría sus manos para darnos ese abrazo del que tanto tiempo nos privaron de nuestros seres queridos. La Soledad de San Pablo fue la luz que precedía al Señor. El que caminaba sin prisa y marcaba los tiempos finales de una mañana que nos despertó el alma. Volvíamos con una inmensa alegría en una mañana dominical. Jesús Cautivo quiso que renovásemos nuestras promesas tras sus pasos.

Parecía que despertábamos, pero realmente estábamos soñando. Nos las prometíamos muy felices. Volvamos atrás esos dos años y pensemos: ¿Dónde quedaron algunos de esos propósitos? Quizás no seamos los mismos de antes de aquel confinamiento y aquellos años de mascarillas y distancias sociales. El corazón solamente entiende de fe y de sentimientos, y donde sus latidos sean constantes, ahí es. Vivimos constantemente del recuerdo de aquellos días y de la mañana del 19 de septiembre de 2021, aunque quizás es hora de pasar a la acción y que cada uno crease su propia historia con nuevos recuerdos imborrables para que al rememorar aquel amanecer sintamos que fue el inicio de algo más bonito aún. Queda mucho por construir, mucho por lo que seguir sumando y arrimando el hombro. Y mucho amor que seguir repartiendo. Pensábamos que todo aquello nos haría mejores, aún estamos a tiempo.

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