La Hermandad del Sagrado Descendimiento logró completar su recorrido sin sobresaltos, en el que primó la plasticidad de su grupo escultórico

El sol se proyectaba en la Plaza de Toros de La Malagueta cuando la cruz guía con el sudario anunciaba la consolidación de una Hermandad que suma en el conjunto de nuestra Semana Santa de Málaga, y mucho. Los largos capirotes de color crema, de los nazarenos de túnicas negras y cinturón de esparto, avanzaban bordeando ese ruedo para consolidar un recorrido de ida por el barrio en plena tarde del Viernes Santo.

Bola de cera.

Un tambor solemne anunció que el Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo ya se producía por las calles de la ciudad, mientras que Nuestra Señora del Santo Sudario observaba entre sollozos la consumación de la muerte de Cristo y la consolidación de la salvación de la humanidad. Y Málaga lo quiso recrear con la marcha ‘Cristo de la Agonía’, interpretada de forma exquisita por la Banda de Música Cruz del Humilladero, una formación musical malagueña que adquiere cada vez un mayor nivel y que es un deleite para el andar de este trono procesional.

Tras el grupo escultórico llegó el palio de cajón torero que cobija a María Santísima de las Angustias. Con su propia marcha, ‘Virgen de las Angustias’, de José A. Barros Jódar, comenzaron los primeros compases de la Dolorosa, al son de la Banda de Música Maestro Infantes, formación musical que cada año participa en los festejos taurinos que se ofrecen en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Los borlones de las bambalinas aportaron el movimiento suave y preciso al instante, al tiempo que la blanca nube de incienso jugaba a colarse entre la candelería de la Virgen. La plata de su cajillo y de la orfebrería de su palio deslumbraban casi más que el propio sol. Y con suma elegancia avanzaba buscando recoger en sus brazos a Cristo descendido ya de la cruz.

María Santísima de las Angustias.

En ese paseo por el barrio de La Malagueta, se pudieron escuchar marchas procesionales de corte solemne y clásicas junto a otras más alegres, modernas y flamencas. Bien es cierto que pasar el blanco al negro de forma abrupta puede extrañar y desubicar a los propios participantes en el cortejo, a la formación musical y al público de a pie de calle. Quizás fuese necesario entre una composición musical fúnebre y otra más jubilosa (o viceversa) una escala de grises que fuese introduciendo el nuevo género musical que la corporación nazarena desea para su Sagrada Titular en un enclave determinado. Ahora bien, por supuesto que está permitido ese contraste, utilizado de forma adecuada, entre las marchas interpretadas en un recorrido procesional exigente en trazado y duración. El público cofrade malagueño también debe aprender de esto, y realizar sus críticas en positivo para construir y no ir siempre dirigidas contra determinadas hermandades y cofradías. La Hermandad del Sagrado Descendimiento pronto consolidará su estilo musical si continúa en su línea de trabajo, dedicación y amor por sus Sagrados Titulares, sus conjuntos procesionales son ambos de una calidad extraordinaria.

Banda de Música Maestro Infantes de Los Barrios.

El cortejo caminaba ofreciendo una de las estampas más bellas de toda la Semana Santa, como es su discurrir por el Paseo del Parque y la puerta del Ayuntamiento. Así, en esta ocasión, los hermanos del Sagrado Descendimiento subieron por la Travesía del Pintor Nogales hacia la calle Císter, utilizando esta vía por la que ya transitaron el pasado mes de octubre en la procesión magna ‘Camino de la Gloria’, con motivo del centenario fundacional de la Agrupación de Cofradías. En esta subida, con ‘La Virgen de Sevilla’, María Santísima de las Angustias ofreció su mirada más dulce y acogedora.

Ya por las calles del centro histórico se pudo contemplar la belleza y plasticidad del grupo escultórico del Sagrado Descendimiento. Las tallas de José de Arimatea y Nicodemo componían el vértice superior de la escena, vestidos con ropajes verdes y azules y cubiertos por mantolines. A los pies de Nuestro Señor Jesucristo se disponían, junto a la Virgen del Santo Sudario, San Juan Evangelista, María Magdalena, María de Cleofás y María Salomé. El diálogo casi se hacía palpable en el anochecer de un cálido Viernes Santo. Poco a poco, la luz que desprendían los cuatro faroles del trono, con velas rojas, ofreció un cariz aún más teatral del que aportaba la luz natural, y un rico y variado exorno floral, de diversas tonalidades, conjugó a la perfección con el grupo escultórico. Se consolida así la puesta en la calle del trono del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo y la Virgen del Santo Sudario, que para la ocasión lució un pecherín negro con un tocado abierto en su parte inferior.

Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Por su parte, María Santísima de las Angustias procesionó con un terno bordado que le aportó mayor prestancia a la Dolorosa. El tocado blanco plisado con detalles dorados enmarcaba su rostro, dejando espacio en su pecho para el corazón atravesado por los siete puñales y otros broches más discretos. Con ‘Caridad del Guadalquivir’, y acompasando la marcha, la Virgen levantó el aplauso de los abonados en la Alameda Principal mientras que los mayordomos y capataces animaban a los portadores de la Santísima Virgen a pocos minutos de iniciar la Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral.

Tras el preceptivo rezo, el cortejo puso rumbo de nuevo a su barrio por la calle Císter y un Paseo del Parque en penumbra. El regreso a casa se realizó de manera muy correcta, notando el cansancio en los varales, pero siendo perceptible solamente en ciertos momentos y maniobras complejas de su itinerario. Las secciones nazarenas se mostraron muy compactas en los últimos metros, y la suavidad en el movimiento de los tronos fue una constante.

Instantes de la procesión.

Se consolida la unión entre hermanos, la herencia adquirida que seguirá favoreciendo el crecimiento en hermandad, la sobriedad, y la fe hacia unos Sagrados Titulares que esperan en la Capilla del Hospital Noble el paso de devotos que encuentran allí, en La Malagueta, su razón de ser.

Fotografías: Adrián Jiménez de los Reyes.

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