María Santísima de Lágrimas y Favores volvió a ser la alegría desmesurada en la tarde noche del Domingo de Ramos

A primera hora de la mañana latía acelerado. La túnica planchada estaba preparada en casa, sobre el cinturón de esparto. La Cruz de Malta relucía, y sobre ella, un taco de estampas que se irían repartiendo al mismo tiempo que la cera del cirio dejaría su marca para preceder a la Virgen. María Santísima de Lágrimas y Favores llora, pero es el consuelo de una Madre y la alegría de un nuevo y resplandeciente Domingo de Ramos.

María Santísima de Lágrimas y Favores.

Aumentaba la frecuencia de los latidos de camino a la Iglesia de San Juan y palpitaba al mismo compás que todos los hermanos fusionados a su llegada al templo. Un inmenso abrazo rodeaba a la Virgen de Lágrimas y Favores, no hay mayor exorno ni mejor bordado que la unión de todos sus hermanos. Las miradas se dirigían hacia Ella, desde la puerta principal de la Iglesia de San Juan Bautista, desde los laterales asomados tras las columnas del templo, o desde la misma sacristía. La Banda de Música Municipal El Arahal, de Sevilla, interpretó ‘Lágrimas de San Juan’, y los hermanos, nazarenos y portadores entonaron ese himno con el que María Santísima de Lágrimas y Favores levanta una de las mayores ovaciones de cada Domingo de Ramos. Por el momento se mantenía firme, las bambalinas no habían comenzado a bambolearse sobre las barras de palio, pero las emociones ya se habían desatado, y entre ese inmenso abrazo, unos intentaban secar sus lágrimas de agradecimiento por los favores concedidos por la Virgen en los últimos años. Era momento de agradecer y de vivir ese preciso instante con Ella, y no a través de las pantallas de móviles que podían impedir la visión, suficiente tecnología hemos usado durante la pandemia.

Al abrirse las puertas del templo, se sentía protegido. Ya ocupaba su puesto y sabía que sería un gran Domingo de Ramos. Así es la Virgen, que no renuncia a ese ratito previo con sus hermanos para minutos después regalarse a Málaga entera. Una larga hilera de nazarenos de túnica color beige y capirote de cruz verde ya anunciaban que, un año más, María pasearía triunfal tras la Entrada Triunfal de su Hijo en la Jerusalén malacitana. La compleja maniobra de salida se realizó a la perfección, y con ‘Nuestra Señora de las Lágrimas’, la Virgen se adentró en la calle Cisneros. Los sones alegres marcaron el repertorio musical de esta mayordomía de las Reales Cofradías Fusionadas, los arbotantes acompañaban el movimiento de las bambalinas frontales y traseras, mientras que las campanillas dormían a los pequeños que, acurrucados en los brazos de sus padres a primera hora de la tarde, vivían su primer Domingo de Ramos en la calle.

Nazarenos de María Santísima de Lágrimas y Favores.

De forma magistral, y pidiendo calle por derecho, María Santísima de Lágrimas y Favores avanzaba por el Recorrido Oficial. El rostrillo en tonos crudos y dorados, que con sumo gusto le dispuso Francisco López Pérez, hizo que, con la luz del sol, brillara todo su rostro. El aroma del dulce incienso daba paso a la fragancia de su exorno floral, compuesto por piñas cónicas y en espiral de claveles rosa pálido y margaritas. Tras romper el solo de la marcha ‘A ti, Manué’, María Santísima avanzó valiente buscando ya otro momento íntimo y de oración en la Santa Iglesia Catedral.

Continuaba con fuerzas para afrontar el itinerario de vuelta a casa. El inmenso trono no perdía ni un compás, y comenzó ese andar con gracia por calle Echegaray. La Virgen ya no tenía prisa, tampoco había que cumplir más horarios. Solamente quería sentirse cerca, unas horas más, de todos los malagueños que salieron a su encuentro. Los platillos sonaban con fuerza para anunciar una marcha tras otra de forma encadenada, y poco a poco, su candelería iba iluminando el bordado del techo de palio.

Manto procesional de la Virgen.

Desde lo más profundo del trono, se podían intuir los gritos de ánimo y aliento entre los componentes del submarino. En el entorno de la feligresía de los Mártires no cabía ni un alfiler. La Banda de Cornetas y Tambores de las Reales Cofradías Fusionadas abría el cortejo, tras la Cruz Guía y una representación nazarena de todas las mayordomías. Un arco iris que, irremediablemente, dio paso al verde. De forma solmene, María Santísima de Lágrimas y Favores caminaba buscando ya su feligresía. A su paso por la casa hermandad de la Sagrada Cena se vivió otro momento cargado de emotividad con el estreno de la marcha ‘Lágrimas de flores’, compuesta por Joaquín Pareja-Obregón.

Parecía salirse del pecho cuando, ya de noche, la Virgen apareció al final de la calle Nueva como un ascua de luz tras su cortejo nazareno perfectamente ordenado. Ahora sí, Ella mandaba con ‘Siempre la Esperanza’. Los portadores andaban con dos pasos valientes y una mecida, las manos se apretaban en los hombros de sus compañeros; otros no podían despegar sus cabezas, empapadas en lágrimas de fervor, de las espaldas de los que les precedían. Que el Domingo de Ramos en Málaga tiene magia es una cuestión indudable, pero que al paso de María Santísima de Lágrimas y Favores la ciudad se rinde ante la Virgen María no es un tema menor. La alegría no está reñida con la elegancia, y así lo demostró una vez más esta mayordomía en la Plaza de Félix Sáenz. Todo ese murmullo que acompañaba a la procesión en los tramos anteriores se calmó con los primeros sones de ‘Mi Amargura’. “¡Vamos arriba, señores! ¡No baja!”, comentaban los mayordomos y capataces cuando el rezo era música; el andar de la Virgen, nuestra brújula más exacta, y su mirada, el eterno punto de encuentro con lo divino. Si el aplauso es la forma que tiene esta ciudad de poder expresar todo esto, benditas sean esas alabanzas que de manera espontánea se suceden al paso de la Virgen.

María Santísima de Lágrimas y Favores procesionando el Domingo de Ramos.

Esas mismas palmas ahora se apoyaban en el pecho, apretando con fuerza ese corazón cofrade que volvía a sentirse más vio que nunca cuando las morilleras rozaban de nuevo la fachada del templo. La Banda Municipal del Arahal interpretó ‘Reina de San Juan’ para que la Virgen, que continuaba reinando en los corazones fusionados con su majestuosa corona. Sobre una lluvia de pétalos, la Virgen ya completaba sus ultimas mecidas. Los nazarenos volvieron a abrazarse en el interior de la Iglesia de San Juan, y ese himno del Domingo de Ramos volvió a sonar. La Virgen de Lágrimas y Favores provocaba sonrisas sinceras, llantos contenidos y escalofríos divinos. Todo culminó y se sintió lleno.

Banda de Música Municipal de Arahal (Sevilla).

Y es que a primera hora de la mañana latía acelerado; aumentaba la frecuencia de los latidos de camino a la Iglesia de San Juan y palpitaba al mismo compás que todos los hermanos fusionados a su llegada al templo; al abrirse las puertas del templo, se sentía protegido; continuaba con fuerzas para afrontar el itinerario de vuelta a casa; parecía salirse del pecho cuando, ya de noche, la Virgen apareció al final de la calle Nueva y se sintió más vivo y lleno que nunca cuando las morilleras rozaban de nuevo la fachada del templo. No importaban las horas acumuladas de retraso a la hora del encierro, el corazón cofrade volvió a encontrar su hueco, su lugar y su razón de ser junto a la Virgen de Lágrimas y Favores procesionando de nuevo por las calles de una ciudad que consuela el dolor de la Virgen cada Domingo de Ramos. Que ese corazón cofrade no pare de latir en los 364 días restantes del año y continúe germinando la fe hacia María Santísima de Lágrimas y Favores.

Fotografías: Adrián Jiménez de los Reyes.

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