El Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Sangre puso la nota más sobria al Jueves Santo malagueño

La tarde del Jueves Santo volvió a marcar ese punto de inflexión en el que las Reales Cofradías Fusionadas pusieron en la calle su último cortejo procesional de la pasada Semana Santa. Puntual, a las 19:00 horas de la tarde, las puertas de la Iglesia de San Juan Bautista se abrieron para que los nazarenos de capirotes verdes y túnica negra de cola, recogida a los cinturones de esparto, comenzaran a caminar precediendo al Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Sangre. Las miradas se dirigían al frente, acompañando los pasos firmes de esta sección, aunque otras se perdían en el cielo, quizás para comprobar que no había riesgo alguno de precipitación, quizás para recordar a tantos nazarenos que procesionaron de madrugada.

Trasera del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Sangre.

Con marcas solemnes, interpretadas por la Banda de Música Maestro Infante de Los Barrios, de Cádiz, la imponente Imagen del Crucificado tomaba ya la calle Calderón de la Barca haciéndose ver entre la inmensa nube de incienso que le precedía. La talla, de estilo gótico, es la más antigua de cuantas procesionan en nuestra Semana Santa, y fue restaurada en 2012 por Juan Manuel Miñarro. Quizás durante esos trabajos, el profesor miraba al cielo tratando de imaginar esa estampa en la que el Cristo de la Vera+Cruz y Sangre quedara enmarcado con la fachada de la Iglesia de San Juan de fondo. Una fachada que aún estaba iluminada por los últimos rayos de sol de una tarde reluciente de Jueves Santo, aunque otros hubiesen preferido contemplar ese escenario bajo la iluminación de las farolas y de los cirios verdes de los nazarenos, y en silencio. Los suspiros volaron al cielo.

A buen ritmo avanzaba el cortejo en ese breve itinerario de ida hacia el Recorrido Oficial por la calle Cisneros. No cabía un alfiler en las vías aledañas a la Tribuna Oficial de la Plaza de la Constitución, aunque por desgracia, se trataba de un público poco cofrade y menos respetuoso que esperaba otra cosa totalmente distinta a lo que estaba pasando en ese momento por delante. La sobriedad del cortejo se vio ensombrecida por un murmullo constante y poca atención. Aunque sí hubo quien miró al cielo y se fijó en los remates de metal plateado de la cruz, ejecutados por Juan Angulo. Otros también le sostuvieron la mirada, olvidando el ambiente. La música, que parecía no querer molestar ni distraer más de lo necesario, acompañaba un dulce pero siempre constante andar de frente del Crucificado. Su mirada estaba vencida, y otros seguían observando el cielo, cada vez más oscuro. Sin embargo, en ambos gestos, estaba representada la vida misma.

Rostro del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Sangre.

El tambor ronco sirvió para que se volvieran a ganar unos metros en pleno Recorrido Oficial antes de iniciar el rezo en la Santa Iglesia Catedral Basílica. Ahí el tiempo pareció retroceder a lo que fue y se percibía como algo puro, mágico y singular. Y cuando todo volvió a estar, tocaba regresar a casa, ya de noche y con la sombra del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz y Sangre reflejándose en las paredes del centro histórico, queriendo alcanzar la cima de esos edificios que componen la obra arquitectónica del centro histórico, queriendo alcanzar ese cielo que se iluminaba a su paso.

En la estrechez de la calle Muro de San Julián, la Banda de Música Maestro Infantes interpreto ‘Amarguras’, una auténtica banda sonora de la Semana Santa andaluza. Ahora sí el entorno acompañaba y el público lo esperaba a Él, sin más pretensiones. La cruz sorteaba las rejas de los balcones que sobresalían a ambos lados de la angosta calle, el silencio se rompió solamente al chocar los platillos al compás de la marcha. Un estruendo dulce y armónico. No hubo excesos de ningún tipo, la cruz se erigió sobre un robusto monte de corcho, simplemente exornado con un par de ánforas rematadas con flores en diferentes tonos morados que no le restaron protagonismo al Crucificado.

El Crucificado en el interior de la Iglesia de San Juan.

De nuevo, la tarde noche del Jueves Santo fue testigo de las miradas al cielo lanzadas furtivamente al paso del Cristo de la Vera+Cruz, miradas que buscaban consuelo, respuestas, refugio o simplemente contemplación y admiración. Miradas silentes o acompañadas de reflexiones. Miradas capaces de fusionar sentimientos inexplicables que encuentran su justificación en el sencillo, humilde y siempre dulce Cristo de la Vera+Cruz y Sangre, parte fundamental e imprescindible del Jueves Santo malagueño, procesione durante la tarde, la noche o la madrugada.

Fotografías: Mario Trujillo.

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