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Guerreros de Dios (2018), por Emilio García Caparrós

Guerreros de Dios (2018), por Emilio García Caparrós

Guerreros de Dios -La Cruz de Malta- es una marcha compuesta para Banda de Cornetas y Tambores, estrenada en Diciembre de 2018, la cual es bastante importante para mí, no sólo por el lugar del estreno, y la formación dónde se estrena, sino por la obra en sí.

Esta marcha está dedicada a la memoria y al espíritu de lucha, sacrificio, y superación de Elvira Jiménez, sobrina de nuestra albacea y nuestro Sub-Director, Mari Carmen Jiménez Ariza y Miguel Blázquez; y a Raúl Guillén, hermano de nuestro director, Fran Guillén Blanca; encarnada en todos y cada uno de los componentes de la formación de la BCT Reales Cofradías Fusionadas de San Juan.

Como toda música, pretende transmitir un mensaje, guiado por supuesto, por unas emociones, sentimientos o evocaciones varias, en las cuales me gustaría centrar la descripción o análisis de la pieza, dejando un poco de lado la estructura teórico musical sobre la que se desarrolla, aunque sea de igual modo importante.

La marcha cuenta con una línea melódica fácilmente identificable, que se va haciendo constante durante toda la pieza como hilo conductor sobre el cual, se construyen el resto de melodías, armonías y contracantos varios de las diferentes voces de la pieza, dándole el significado a la misma y construyendo el mensaje que se quiere transmitir.

Parafraseando a Juan Antonio Fernández: “es una pieza con toques templarios”, que representa el dilema de la lucha constante de las personas a las que va dedicada, representándose en dos vertientes, la vertiente activa, y la vertiente pasiva que todos ellos encarnan, reflejado, de algún modo durante los pasajes de la marcha.

Esta pieza, he de decir, como curiosidad, es una pieza que se hace a sí misma, es decir, que no se trata de una dedicatoria pensada sobre la que se construye la marcha, sino que, aunque se tenía pensada una marcha con dicha dedicatoria por mi parte como regalo a todos ellos, es la música la que elige la dedicatoria.

Basándonos, por tanto, en las dos vertientes de las que hablábamos, podemos concretar del siguiente modo, la estructura de a marcha:

En el principio, entra un tambor sin bordón, solemne, rotundo, que es precedido por la primera parte de la pieza, comenzada por un piano con una melodía muy melancólica y fraseada, evocando por parte de Elvira y Raúl, e incluso nuestros componentes esa etapa pasiva en la que se ven inmersos en la toma de conciencia de su lucha, en la que la melancolía los aborda, e incluso los paraliza, sumiéndolos de algún modo en la pena, de creer que no tienen nada que hacer, más que dejarse llevar por los recuerdos, por la pena de lo que dejan atrás, o la lamentación de lo que podría haber sido, y no fue.

Poco a poco, se va despertando de este sentimiento, hasta tomar conciencia, de que no hay que lamentarse del pasado, ni de lo que podría haber sido, y se ven capaces de tomar las riendas de su camino y de enfrentar la lucha, disfrutando el camino en sí mismo, y tomando conciencia de que, solo la valentía y el arrojo los hará capaces de vencer, sin temer el final, ya que, sin lucha, no hay victoria, llegando al primer Solo de la marcha, acompasado por un último piano mucho más valiente y decidido a irrumpir, a asumir.

Es de este modo cuando irrumpimos en el forte, temática principal de la marcha, y comienza el arrojo, la decisión de avanzar, de quizás morir, pero morir luchando, dando la cara, y asumiendo, que sólo así, si la muerte ha de llegar, habrá merecido la pena.

Llegamos pues al pasaje desgarrador, de los primeros tropiezos y obstáculos de todo aquel que emprende un camino, que ve que la oscuridad quiere apagar su luz de múltiples maneras.

Todo este pasaje, de dudas, de primeras caídas, lo encarna el bloque armónico, encabezado por un trombón desgarrado, que toma el mando de la situación con una serie de melodías ascendentes, que crean la base de un nuevo comienzo, y que va diciéndole a la propia melodía, que vuelva a despertar, pasando el bloque armónico de acordes más profundos y desgarradores, a unos acordes y melodías, que aunque manteniendo la temática comenzada por el bloque armónico, más esperanzadores y ilusionantes, con la irrupción de las trompetas, rematados con un Solo de corneta, que aunque comienza sumido en esa melancolía y en esas dudas de los primeros tropiezos después de haber decidido luchar, acaba gritando claramente, que no queda de otra que seguir, levantarse y avanzar.

Es en este bloque final, en el que vuelve la melodía principal con un fortíssimo ininterrumpido de toda la melodía, acompañado y empujado por el bloque armónico, en el cuál siguen apareciendo obstáculos y dudas pero de forma mucho más ligera con un piano súbito, rematado por un último fortíssimo con variantes de todo lo anterior, ya que la lucha sigue siendo la misma pero cada vez más decidida y en la que, en todo momento, hace aparición la constancia que no nos debe faltar.

Termina con un final muy potente de todas las voces, que no pretende otra cosa que gritar: Aquí estamos, juntos y decididos, a continuar con nuestro camino, sin lamentaciones ni dudas, mirando siempre al frente. Dispuestos a luchar” .

 

Emilio García Caparrós.

Director Musical en la BCT Reales Cofradías Fusionadas y miembro de proyectos por y para la música de Málaga como Pentagrama Original.

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