La Cofradía de la Misericordia volvió a reunir a familias percheleras en un Jueves Santo de ensueño

Íntimo, breve y sentido. Así fue su primer encuentro con el ‘Chiquito’ y la ‘Perchelera’, cuando aún estaba amparada por su madre pero nadie le había acariciado aún sus suaves mejillas. En el amanecer del pasado 19 de septiembre, la pequeña ya sintió ese primer escalofrío de Dios cuando, con su cruz a cuestas, el Señor quiso entrar en la Santa Iglesia Catedral acompañado de un mar de fieles por unas calles que ya ansiaban ver a Nuestro Padre Jesús de la Misericordia.

Volvió a ser el Jueves Santo que el barrio del Perchel conoce, quiere y protege, el de la alegría por la calle Ancha del Carmen mientras el sol se ocultaba y la noche daba paso a los nazarenos, abanderados de la Misericordia de Cristo y del Gran Poder de María, revestidos con túnicas y capirotes rojos y negros. La madre y maestra Banda de Cornetas y Tambores del Real Cuerpo de Bomberos entonaba sus fuertes y clásicos sones para anunciar que todo un barrio, con un puro sentimiento de pertenencia a las raíces más profundas del alma, y tantas historias familiares percheleras, se hacían Cofradía en la calle, para acompañar una nueva caída de Jesús de la Misericordia y ser fieles testigos de cómo la Reina de Plata volvió a surcar su ciudad en su majestuoso trono.

Banda de Cornetas y Tambores del Real Cuerpo de Bomberos.

Esa mezcla de alegría contenida con la emoción de ver a Nuestro Padre Jesús de la Misericordia de nuevo ante la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen embriagó a los presentes, en su mayoría percheleros. Familias que resisten en un barrio del que poca esencia queda, pero en el que cada Jueves Santo vuelven a sentir que las puertas de sus corazones están abiertas de par en par para que vecinos, familia, amigos y conocidos se sientan como en casa y compartan la vida misma. Con sones carmelitas quiso avanzar la Virgen del Gran Poder por la calle Ancha antes de abandonar su barrio. Así ama el Perchel a su Madre, con algarabía pasea y ronea por las calles, mientras sus bambalinas se mecen con fuerza y tintinean clamando a esos ángeles percheleros que ya gozan de la gloria.

El centro de la ciudad ya se sintió también perchelero, y volvió a contemplar el trono de carrete sobre el que se sustenta la roca de la vida, la que siente la mano de Jesús de la Misericordia, que estrenó una túnica burdeos bordada, obra de Samuel Cervantes, hermano de la corporación, y rematada con un nuevo broche. “Por todos los percheleros que nos han dejado en la pandemia. Vamos a tenerlos muy presentes”, clamó uno de los capataces del Señor justo antes de comenzar el paso por la Tribuna Oficial. Una Plaza de la Constitución en la que selló un eterno abrazo; algunas promesas cumplidas, y otras que nacieron en silencio; un suspiro vital, y una melodía que conectó directamente con lo divino. Handel nunca pensó que su Sarabande, sería interpretada por la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Cautivo para anunciar que Jesús cayó para levantarnos de todo tropiezo. ‘Cristo que vuelve’. Cristo volvió en un Jueves Santo de emoción.

Nuestro Padre Jesús de la Misericordia.

Nuestra Señora del Gran Poder caminó al son de nuevas marchas procesionales dedicadas e interpretadas a la perfección por parte de la Banda de Música Paco Tenorio de Arriate. ‘Tu poder es mi fe’, de Sarmiento, y ‘Señora del Gran Poder’, de Molero, formaron parte de esos rezos musicales que no cesaron tras el negro manto de la Dolorosa. Un exorno floral en tonos morados contrastó con el brillo de la plata de la imponente corona, los bordados de la saya y la toca de sobremanto. Gran Poder es la Reina de plata que se enmarca en su palio rematado con 12 coronas reales.

Dos toques de campana, y al tercero, la Virgen se alzó y se detuvo mientras una suave música se dejaba oír tras Ella. Málaga rogó silencio, reconoció la marcha y se santiguó ante el Gran Poder de María. La palillera marcaba el dulce compás, el palio casi ni se mecía, pero las emociones se agitaban y el corazón palpitaba más deprisa. ‘Mi Amargura’ rompió, y una tremenda ovación hizo que toda la calle Larios se girase para ver a la Virgen guapa del Perchel. Ahora caminaba hacia delante y hacia atrás, haciendo un cuadrado perfecto, sin querer abandonar a los malagueños, pero con deseos de volver a su barrio. Claveles blancos completos caían desde los balcones en el sobretecho de palio. El anagrama del Ave María fue nexo de unión entre la ciudad y barrio; entre los que se fueron y cada Jueves Santo están junto a ese broche que brilla en el pecho de la Virgen; entre los que han hecho posible, con trabajo, esfuerzo e ilusión, esta realidad sobre la que reinan los Sagrados Titulares de la Cofradía de la Misericordia y los que continuarán con el legado. El solo de la marcha invitó a una última oración antes de que Nuestra Señora del Gran Poder avanzase pidiendo calle y por derecho para acercarse aún más a su Hijo de la Misericordia.

Nuestra Señora del Gran Poder a través de un teléfono móvil.

Y ahora sí, comenzaba el regreso triunfal al barrio. Los recién estrenados ángeles cirineos, obra de Juan Vega, que sostenían la cruz del ‘Chiquito’, miraban hacia la Santa Iglesia Catedral y a los portadores de la Misericordia del Señor. Portadores que dirigían sus miradas a la bendita espalda del Nazareno caído y que, con la mano apoyada en el hombro de los compañeros, fueron los pies de Jesús en esa noche del que tantas anécdotas le contaron sus abuelos y padres. Ahora eran ellos los encargados de mantener viva la fe y devoción y trasmitirla a las nuevas generaciones. Niños y niñas que, felices con sus faraonas, aguantaban ya las altas horas de la madrugada en el cortejo procesional. Las filas nazarenas alumbraban el camino a Nuestro Padre Jesús de la Misericordia y se alinearon con los cuatro faroles dorados del trono.

Niños de la Cofradía de la Misericordia.

A la altura del Mercado de Atarazanas, ya de vuelta, Nuestra Señora del Gran Poder rompió el orden procesional y decidió no girar siguiendo el camino de sus hermanos nazarenos. Fue la magia del Jueves Santo, y es que la Dolorosa perchelera quiso acercarse a esa Madre de la Soledad Coronada en un emotivo encuentro. El cielo rozó el Gran Poder de María al realizar un pulso que fue motivo de aplausos y vítores en esa fusión del oro y la plata. Era Málaga un Jueves Santo, y no en uno cualquiera, en el del reencuentro, en el que se pasó el testigo para que la fuerza del legado cofrade no perdiese su rumbo.

Un monaguillo de la centenaria corporación miró cansado a su padre, al que reconocía a la perfección a pesar de mostrar solamente sus brillantes ojos oscuros, y esa madre, que meses atrás apoyaba su vientre en las rejas de la capilla lateral de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, miraba directamente a los ojos de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, de su ‘Chiquito’, en el puente que lleva su nombre pidiéndole protección eterna para su pequeña Manuela, que ya descansaba en casa.

Manto de Nuestra Señora del Gran Poder.

La Cofradía de la Misericordia lo volvió a hacer. El cielo se hizo tierra a cada paso que la Cruz Guía daba para que los ilustres percheleros repartiesen esperanza y fe por cada esquina. Volvieron a su capilla con una luz especial, como si aún tuviesen toda esa unción inexplicable de cada Jueves Santo. La pequeña llegará pronto de la mano de su madre a esa reja, y la abuela de toda una familia perchelera las mirará desde el camarín más luminoso muy cercana a la Virgen del Gran Poder. Una perchelera más sentirá, desde las aceras o desde el propio cortejo procesional, cómo Jesús de la Misericordia y la Virgen del Gran Poder forman parte de su vida porque así lo quisieron todos los que vivieron en la calle Eslava. Julio se aproxima, mes carmelita por excelencia, y de nuevo, la familia perchelera se reunirá bajo las plantas del Señor misericordioso y la Virgen del Gran Poder para presentar ante los Sagrados Titulares a la perchelera más inocente. Podemos estar tranquilos, el legado continuará.

Fotografías: Adrián Jiménez de los Reyes

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